• Publicado 25/04/2016

ESCAPE PERFECTO: VIAJES CORTOS DESDE MIAMI

Desde las cavernas submarinas de Bahamas hasta San Agustín, la ciudad más antigua del país, propuestas para animarse a salir de la zona de confort

Ferry a Bahamas: 4 horas, 35 minutos

Parte desde Port Everglades, a 35 minutos de Miami, temprano por la mañana, y el trayecto dura 4 horas hasta Freeport, Grand Bahama. Vuelve a las 6 de la tarde para llegar de noche.

Los tramos se compran independientemente, y conviene hacer como mínimo una noche en Bahamas para poder disfrutar el destino, teniendo en cuenta además que es necesario hacerse presente como mínimo una hora antes del embarque nuevamente en el puerto.

La playa es un paraíso, por su arena blanca y el agua calma color turquesa. Pero hay otras bellezas naturales. Una variedad de tours conducen al Lucayan National Park, que incluye las cavernas de Ben, una de los sistemas de cavernas submarinas más grandes del mundo. Se puede explorar por tierra vía senderos de caminata, o si tiene experiencia en buceo, también bajo el agua.

También se puede conocer la isla de forma económica: tomar el bus público con los bahameses cuesta entre US$ 1 y U$S 2. Generalmente accesibles cerca de los hoteles, están las bicicletas y motos de alquiler, que permiten recorrer al ritmo de cada uno, pero siempre recordando que en Grand Bahama se maneja por la izquierda.

El precio promedio de los tickets del ferry es de 85 dólares cada tramo, aunque con algo de suerte algunos días de la semana se consigue algún tramo (sobre todo la ida) a U$S 36,50 y la vuelta a U$S 52. Si bien se puede comprar cada viaje por separado, conviene sacar ida y vuelta ya que a cada pasaje se le carga un impuesto que en el caso del viaje completo es de U$S 30, pero por cada tramo es de U$S 48.

Naples: 2 horas

A dos horas en auto de Miami, sobre el golfo de México, una ciudad tranquila y de casas bajas vive una atmósfera elegante, aunque relajada. Uno de sus encantos es el fácil acceso a la playa: si bien hay estacionamiento en cada cuadra, muchos llegan caminando con sus bolsos y reposeras al hombro. En Naples nadie corre, nadie está apurado por llegar a ninguna parte.

La visita debería empezar por Tin City, un compilado de negocios de colores y techo de chapa, sobre el río Gordon, que desemboca en la bahía de Naples. Gracias al ferrocarril, cerca de 1920, Tin City se convirtió en el corazón de la industria pesquera de la ciudad, a través de la exportación y procesamiento de pescado, construcción y mantenimiento de barcos. En 1970 se transformó en un paseo comercial, con un encanto pescador vintage y colorido que se mantiene hasta estos días. Además de los negocios de souvenirs con espíritu marítimo, hay restaurantes que miran al agua y a las marinas. Desde aquí salen excursiones en barco y pesca fuera de la costa.

En la 5ta avenida, escoltada por altas palmeras a ambos lados del camino, se encuentra el elegante downtown. El centro ofrece caminar por sus tranquilas veredas, las boutiques con toldos en composé con sus fachadas, galerías de arte, heladerías, restaurantes de distintas nacionalidades y algunos cafés. Se percibe un elevado nivel socio cultural y un refinado turismo.

Pero la atracción más popular es su muelle sobre la playa. Un antiguo esqueleto de madera, con mucha personalidad. Está muy bien mantenido y, a diferencia de la mayoría de los muelles de la Florida, éste es gratis. Tiene inclusive dos casillas a medio andar con baños.

La cita en la playa es a la hora justa de la puesta del sol, cuando muchos llegan para ver cómo el astro dorado se va apagando de a poquito y tornando el cielo de diferentes colores.

San Agustín: 4 horas, 40 minutos

Fundada en 1565 por el explorador español Pedro Menéndez de Avilés, San Agustín es la ciudad más antigua del territorio de Estados Unidos habitada de forma permanente. A menos de cinco horas en auto desde Miami, la "ciudad anciana", como la llaman, es un concurrido destino turístico: falsos trenes y tranvías que circulan llevando visitantes, tours de gente caminando, el ruido de los caballos trotando en las calles empedradas, o las personas vestidas con disfraces de época. Es como un parque temático histórico, pero real. La influencia española es evidente, y se nota desde la arquitectura hasta el nombre de calles y atracciones.

Su mayor encanto es el castillo de San Marcos, el fuerte más antiguo del país, y un importante ejemplar de la arquitectura militar española en las Américas, mirando hacia la bahía y el mar. Se puede acceder por U$S 10 para mayores de 16 años, y gratis los menores todos los días del año. La terraza encierra una hermosa vista.

Es imposible pasear por San Agustín y no quedar perplejo ante el Flagler College, una gigantesca construcción color arena con decenas de arcadas, techos y cúpulas naranjas. Es otra de sus estrellas. Si bien funciona hoy como universidad, abrió en 1888 como un gran resort llamado Ponce de León, construido por Henry Flagler para captar a los millonarios que escapaban del frío. Esta pieza de arte, de estilo renacentista español, traslada al visitante directamente a Europa, a apreciar los murales pintados a mano, el comedor con 79 vitreaux Tiffany, o las majestuosas arañas. Se puede visitar de 10 a 14hs por U$S 10, y U$S 1 menores de 4 a 12 años.

La calle St. George es el eje alrededor del cual gira toda la actividad turística de la ciudad con muchas de sus atracciones al igual que almacenes, restaurantes y bares.

Cruzando el Puente de Los Leones está Anastasia Island, y con solo andar tres cuadras, O'Steen's Restaurant tal vez ni siquiera llame la atención, por su aspecto insulso de paredes beige y apenas cinco ventanas hacia la calle. Pero es tan popular que hay que esperar una hora o más para sentarse a la mesa. La especialidad son los langostinos fritos (9 por U$S 13; 12 por U$S 15).

Palm Beach: 1 hora, 20 minutos

Bienvenido al lugar de vacaciones de las familias más ricas y poderosas de Estados Unidos. Aquellas que llegan en diciembre, cuando arranca la temporada, en jet privado. Donde el Rolls Royce espera en la puerta, y el yate en el muelle.

La isla es finita y larga. La avenida que corre paralela a la arena se llama South Ocean Boulevard. Bajando desde el norte, a mano izquierda se ve el mar verde agua, a mano derecha las fachadas de las mansiones con impecable paisajismo. Atrae la curiosidad, el deseo de conocer hasta qué punto viven los millonarios. Todas son imponentes. Algunas con fuentes o leones en la entrada, estatuas de yeso o puntillosos canteros y cercos en degradé de colores.

Worth Avenue es una callecita que desemboca en el mar, el paseo comercial más chic. En tres cuadras contiene más de 20 casas de renombre mundial de indumentaria y joyería. Aquí no hay precios en la vidriera, y mejor ni averiguarlos.

The Breakers es el hotel más emblemático de Palm Beach. Si la idea es tirar la casa por la ventana, entonces también es el lugar para un brunch en el famoso The Circle at the Breakers. El tenedor libre con langosta, caviar, sushi, ceviche, pastas, salmón, y deliciosos postres cuesta unos 130 dólares por persona.

Además de visitar la playa (en la misma calle costera hay estacionamiento con monedas), el Flagler Museum es otro paseo recomendado. Cuando se inauguró en 1902, el New York Herald la calificó como la estancia privada más espectacular del mundo de aquella época. Como si fuera un pedacito de Europa en la Florida, esta mansión de 75 habitaciones que el magnate Henry Flagler le regaló a su esposa, es hoy un museo. Recorrerlo demanda unas dos horas (U$S 18 los adultos, U$S 13 los adolescentes, U$S 3 menores de 6 a 12 años), hay audio-tours con interesante información también de Palm Beach y la historia de la Florida.

Los Cayos: 1 a 3 horas y media

Key Largo es el primero y más septentrional de los cayos, a una hora del aeropuerto de Miami. El Pennekamp Park es uno de sus mayores atractivos, se denomina el primer parque subacuático de los Estados Unidos. A la vista tiene dos playas, manglares con senderos para kayak o trekking, y área de camping. Pero el mayor tesoro es su riqueza submarina. Es la única barrera de coral viva de América del Norte, y la tercera más grande del mundo. Se autodenomina la capital mundial del buceo, y desde aquí salen las excursiones para llegar, entre otros puntos, al Cristo sumergido con los brazos en alto, un lugar icónico entre los que aman la belleza submarina.

En este cayo también está el único hotel subacuático del mundo (http:www.jul.com), con sólo dos dormitorios. El precio por una "miniexperiencia" de tres horas es U$S 300 para dos personas, la noche U$S 800 para dos personas.

Islamorada es el siguiente eslabón en esta cadena de cayos. Las aguas cristalinas y la cantidad de peces la hacen perfecta para la pesca, y se la llama de hecho su capital mundial. De aquí parten gran cantidad de charters para practicar el deporte.

El tercer jueves de cada mes se celebra el "artwalk", cuando la comida, la cerveza, el arte y la música en vivo salen a la calle de 18 a 21hs en Morada Way. Es un hermoso paseo que reúne a los artistas locales.

Marathon es la isla del medio, de 14km de largo orientada a la familia. Allí está el imponente puente de las siete millas (11,2 km), uno de los más largos en el mundo, que circula en altura atravesando las aguas turquesas. Además de sus playas, opciones de snorkel, buceo y pesca, ofrece experiencias para interactuar con animales, como el hospital de tortugas marinas, el Dolphin Research Center -un centro educativo y de investigación de delfines-, y un acuario. Hay una buena oferta de restaurantes, pequeños hoteles, resorts, y casas para renta.

Big Pine Key es el anteúltimo cayo. Entre otras atracciones tiene un camping, y un parque estatal con hermosas playas. Cuando circule por la ruta llamará la atención el cartel que anuncia "cuidado, ciervos en 3,5 millas". Con ingresar en alguna de sus calles secundarias aumenta las posibilidad de cruzarlos, acostumbrados al ser humano y en un entorno en el que no hay ningún depredador natural. El mayor peligro es morir atropellados. El Key Deer, o ciervo de los cayos, es una subespecie del ciervo común que sólo se encuentra en esta ubicación. Para evitar su desaparición se creó el National Key Deer Refuge en el norte de Big Pine Key.

La isla también es buscada por los astrónomos amateurs y profesionales. Su ubicación y ausencia de luz artificial nocturna generan una condición óptima para ver constelaciones, cometas, y estrellas.

Por último, Key West es la hermana mayor de los cayos, la que ofrece la agenda más completa. Por ser el punto más meridional de Estados Unidos, uno de sus atractivos es la boya que fija el punto "a 80 millas de Cuba". Es decir, se está más cerca de Cuba que de Miami. Se puede visitar a pie, en bicicleta, trencitos falsos, taxi y hasta transporte público. La puesta de sol es una celebración en Mallory Square, con malabaristas, y shows callejeros. La noche vibra en Duval Street, llena de negocios con souvenirs, pubs, restaurantes y discotecas orientados a un público adulto.

Fuente: La Nación | Por Lucila Marti Garro | “Escape perfecto: viajes cortos desde Miami” | 24/4/2016.